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sábado, 19 de septiembre de 2009

Sumo Do, Sumo Don't (Japón, 1992)


Un universitario se ve obligado a apuntarse al club de sumo, ya que uno de sus profesores le amenaza con suspenderle si no lo hace.

Comedia del director de Shall we Dance? (a la que se llevó la mitad del reparto de esta) ganadora de los premios de la academia japonesa de mejor película, director, guión, actor para Masahiro Motoki y actor secundario para Naoto Takenaka.

Al principio me parecía un poco exagerado tanto premio aunque fuera una película divertidísima que se pasa en un suspiro con una sonrisa constante en la boca y carcajadas ocasionales. Pero, bien pensado, siempre se tiende a poner, consciente o inconscientemente, a las comedias por debajo de otros géneros. Y digo yo, ¿si es bien buena en su género por qué no va a ser la mejor?

De entre el reparto de lujo que tiene destaco a Naoto Takenaka. Qué fiera el tío.

Un 7.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Shall We Dance? (Japón, 1996)


En una sociedad como la japonesa, tan reacia al contacto físico y al baile de salón, un cuarentón decide apuntarse a clases de baile, atraído por una de las profesoras de la academia. Avergonzado por bailar, lo oculta a su mujer, a su hija y en el trabajo. Poco a poco irá dándose cuenta de cuánto le gusta.

Deliciosa, y con gran cantidad de magníficos personajes. No hay ni uno solo que no aporte algo a la película. Una comedia realmente agradable sobre un hombre que se descubre a sí mismo.

Los actores están, todos y cada uno de ellos, en estado de gracia, y a la cabeza del reparto se encuentra ni más ni menos que Kôji Yakusho, uno de los más grandes actores japoneses del momento.


Cuenta con un remake hollywoodiense del que la mitad de las críticas decían que en vez de ver eso la gente haría mejor en alquilarse la original japonesa, o algo similar. ¿Por qué sería?

Un 7.

martes, 25 de agosto de 2009

Despedidas (Japón, 2008)

Battosai

Un violoncelista que se ha quedado sin trabajo al disolverse su orquesta vuelve a su pueblo natal, donde acabará trabajando preparando cadáveres para su descanso eterno.

Ese telón de fondo sirve para contarnos la historia de Daigo Kobayashi y la vuelta a sus orígenes, de manera que preparando a los muertos para su despedida final se reencuentra a sí mismo en el pueblo que le vio crecer y aprenderá mucho sobre la vida a través de la muerte.

Conmovedora, aunque quizá un poco previsible en algunos momentos, lo cual no le resta interés a la película. Al espectador occidental puede parecerle un tanto ajena por la diferecia cultural, pero en el fondo no es tan distinto como parece a simple vista, y es que si en algo somos iguales independientemente de la cultura a la que pertenezcamos es en la muerte, que nos hace a todos iguales y frente a la cual reaccionamos de manera muy parecida.

El actor protagonista, Masahiro Motoki, está sencillamente excepcional, y los secundarios que le acompañan no se quedan atrás. El jefe, su mujer (especialmente estos dos, los mejores de la película), su compañera de trabajo... todos están a un gran nivel. A un nivel igual de alto que el de la banda sonora, que casi parece un personaje más, haciendo mucho más emotivas unas escenas que quizá no hallarían el camino al corazón del espectador sin su ayuda. Con decir que es de Joe Hisaishi, uno de los mejores compositores de música para cine del mundo y mi preferido, lo digo todo.

Un 8.



Ulises

Más de 50 años después los premios de la academia de cine norteamericano han vuelto a elegir a una película japonesa "Mejor Película de Habla No Inglesa", y la elegida, como no podía ser menos en unos premios que no se caracterizan precisamente por su devoción al cine de autor menos comercial, peca de los tics y dejes que tanto gustan a la crítica estadounidiense: bonita puesta en escena, efectismo sensible y un comedido pero pulcro trabajo tras la cámara.

No se aleja mucho Departures del cine europeo más esteticista, y en eso sin duda gana puntos para cierta clase de público interesado en el cine de toque personal pero sin caer en radicalidades independientes. Y eso es lo que es Okuribito, una película hermosa en su acabado, simplona en su contenido y repleta de escenas presumiblemente conmovedoras, pero personalmente no veo más que un agradable ejercicio de estilo lastrado por una visión de lo sensible que cae en lo sensiblero, buscando llegar al espectador por medio de escenas externamente con intención de intensidad pero vacias en su fondo. Como un cuadro mal pintado pero con unos colores preciosos.

En lo positivo reseñar el trabajo actoral, con el gran Tsotomu Yamazaki sentando cátedra y una Ryoko Hirosue perfectamente metida en su papel, muy por encima ambos del protagonista principal, un sosete Masahiro Motoki.

Resumiendo, película por un lado para nada representativa del actual cine japonés, pero por otro con un acabado final que sin duda la hará mucho más digerible para el aficionado no iniciado.