viernes, 2 de septiembre de 2011

Limbo (360)


Peculiar plataformas 2D en el que un niño debe cruzar un bosque y una ciudad plagados de peligros para llegar a su destino.

Una cosa que me ha encantado es que no hay historia. Solo hay que jugar, y punto, como antaño. Que se inventen una historia para un juego de rol tiene sentido, sí, pero para esto, lo mismo da. Aquí nada más empezar aparece un niño que se despierta y hale, a caminar hacia adelante. Cuando llega al final, se acaba el juego (de manera excesivamente abrupta, eso sí). Y ya.

Aunque sea un plataformas, no os esperéis unos saltos ultralargos e imposibles que hay que calcular a la perfección. Nada de eso. Este niño se mueve como un niño y salta como un niño. Lo interesante está en la constante resolución de puzles que hay que hacer para seguir adelante y superar los obstáculos que encontramos en nuestro camino y que pueden suponer una muerte segura muy fácilmente. Sin duda moriremos un montón de veces, pero no hay problema porque no hay límite de vidas. Tampoco hay niveles. Simplemente hay que avanzar desde el principio hasta el final y si mueres empiezas un poco antes del lugar en el que estás. Del mismo modo, cada poco tiempo se guarda automáticamente la partida, con lo que si se deja para otro momento no se pierde el progreso.

Los puzles son al principio muy sencillos e intuitivos y el juego es poco más que un paseo, pero no tarda en complicarse bastante la cosa, de manera que habrá que pensarse muy bien qué hacer. En cuanto a la pericia, aunque, como he dicho, no hay que ser muy hábil en cuanto a los movimientos a realizar (solo hay dos acciones posibles: agarrar/pulsar/accionar y saltar), sí que hay que calcular muy bien el momento en el que hacerlo. Un paso en falso y estás muerto.

La atmósfera me ha encantado. Lúgubre, tenebrosa y en blanco y negro. En algunos momentos llega a dar más yuyu que muchos juegos de terror. Es tan simple como efectiva. Como vale más una imagen que mil palabras, aquí os dejo unas capturas.




Por desgracia, no todo es tan bonito. Tiene una gran pega: su duración. Yo he tardado poco más de 3 horas en pasármelo. Ahora, que ya sé cómo resorverlo todo, supongo que tardaría poco más de una hora. Que sea un juego descargable no me sirve de excusa. Splosion Man también lo es y da para muchísimas horas de diversión.

Un pequeño gran juego, sin duda. Original, divertido, desafiante, demuestra que hay mucho talento detrás... pero da la sensación de que se hizo con prisas y cuando se cansaron dijeron "hala, aquí se acaba"... y ahí se acaba. No creo que merezca la inmensa cantidad de premios que le dieron y excelentes críticas que recibió, aunque sí merece la pena jugarlo.

Un 7.

1 comentario:

Roy Ramker dijo...

En cuanto a estética y ambientación es un juego absolutamente redondo, pero como bien apuntas, le falta algo más (duración incluida) para aspirar a estar entre los más grandes. Pero quien sabe, quizá si lo hubieran alargado artificialmente se habría vuelto pesado y aburrido.